—No saldremos vivos de esta. Nadie lo ha hecho antes y no seremos nosotros los primeros.

—¡No me mires con esa carita! a mí tampoco me gusta, no he sido yo quién lo ha decidido. No tengo la culpa si nadie te lo ha dicho ¡acéptalo, es inevitable!

—Llorar no cambiará nada, yo lo sé y tú lo aprenderás, aunque si te consuela hazlo, cuanto quieras. Otros suplican, balbucean, gritan o patean. No importa, parece que nadie nos entiende y, al final, tampoco importa. Cansancio supongo.

—Si dejas de berrear un momento, te contaré cómo va esto. Pronto tendremos hambre y estaremos de mierda hasta las orejas. Tranquilo, aunque tarden, siempre nos ayudan y, si te sirve de alivio, en breve aprenderás a controlarte, al menos por un tiempo. Así continuaremos hasta que, antes o después, algo nos mate o nos cansemos irremediablemente de todo esto. Siempre ha sido así y esa cara bonita no lo cambiará.

—¡Escucha! ¡ya vienen, oigo sus pasos amortiguados! Espero que esta vez traigan algo de comer, hayan olvidado las agujas y se acuerden de los pañales.


*Las imágenes son cortesía de pixabay.com y los autores: Adina Voicu y Hans-Joachim Müller-le Plat*

Probad a leerlo acompañado por los Celtas Cortos: La senda del tiempo, algo que todos tenemos (https://www.youtube.com/watch?v=UftowLtrFVc)

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