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….. Encontrada la mercancía, faltaría la oportunidad. Podría pensarse que es difícil o complicado, que precisa de sortilegios, ensalmos o ritos ancestrales, enrevesados y de difícil aprendizaje o comprensión, nada más lejos de la realidad, aunque en ocasiones nos guste adornar la transacción con ellos, basta para realizarlo con que el interesado se halle dormido. Por alguna razón, durante el sueño el vínculo entre lo material y lo inmaterial se debilita, llegando en ocasiones a desvanecerse dicha unión. Es este, el del descanso, el único momento propicio para llevar a cabo la extracción, en individuos despiertos el proceso parece imposible y generalmente conduce a la muerte del sujeto en cuestión. El sueño debe ser natural, el provocado por drogas o licores no suele funcionar, más de uno debería sentirse agradecido por ello, esto ha salvado a muchos de despertar con dolor de cabeza, resaca y sin alma. Aunque bien es cierto que fueron pocos de los que conocí aficionados a la embriaguez, que la tuviesen en mucha estima o siquiera supiesen de su existencia, más allá de lo que cuentan los párrocos, y si estos asistían a misa, más era por la posibilidad de catar el vino que por los sermones.

Con el sujeto dormido, en lactantes el mejor momento es el de la siesta después de mamar. Bastará entonces con seducir al hálito para llevarlo donde se precisa, después habrá que guardarlo. “Las almas se sienten atraídas por lo bello o lo extremadamente corrupto, pero sólo lo primero puede retenerlas y conservarlas”, mi padre lo repetía a menudo, como una letanía, mientras me instruía en el que sería mi oficio y pasión. Encuéntrese pues esa forma de tentarlas y guardarlas.

A las infantiles las encantan los juguetes, pulserillas y abalorios, no se precisa que sean costosos, elaborados o preciosos, una simple peonza o una muñequita de trapo o porcelana suele funcionar perfectamente, tanto en futuros condes como en desharrapados, ambos son entes sencillos en sus comienzos. Acompañar el juguete con una cancioncilla, nana o tonadilla infantil facilita la transmisión, un cuento puede servir también en esta función. Según los donantes se hacen mayores, las inclinaciones se complican y varían de unos a otros, pero una mezcla adecuada del objeto en que se guardarán (generalmente una cajita de taracea para ellos y de hueso o marfil para ellas), flores (siempre blancas: orquídeas, rosas, dalias, Chrysanthemun Leaucanthemum) y sonidos agradables, en mi caso prefiero por encima de la música la poesía, atraen perfectamente su atención. Retenerlas es sencillo, una vez se adentran en el objeto de su elección, suplantan de manera natural y sin dificultad la esencia original del elemento que la acoge. Pierde este entonces una parte de las características que su ser anterior le concedía. Así la madera cambia en el momento en que pasa a acoger una esencia humana, su peso se reduce y su tacto se vuelve más sedoso y cálido, su olor resinoso la abandona y es parcialmente sustituido por el peculiar de la piel. En el caso de las flores, el blanco original se torna azulado para las hembras y rosáceo para los machos, los niños suelen teñirlas de vivos tonos y también cambia su perfume, cómo ocurría con la madera, tornándose este lácteo en los de pecho y terroso en los más grandes.

Caso aparte son las corruptas (de todo hay en este negocio, también quienes las desean y buscan), estás ennegrecen los pétalos y las perfuman con hediondos aromas.

Una vez en su nueva residencia, basta con alejarse del anterior huésped antes de que despierte y asegurarse de que en ningún momento donante y objeto vuelvan a encontrarse en circunstancias propicias, despiertos no existe inconveniente más allá del probable desasosiego e irritación del que fuera propietario. Sacrificar al sujeto es una opción que se empleó largamente en épocas anteriores, ya no la usamos, más si cabe desde que hay policías organizadas en casi todos los países civilizados, emplearla generaría problemas de índole practica que, sin duda, encarecerían la mercancía, complicarían el proceso y pondrían en riesgo el negocio. Nadie en su sano juicio acudiría a la autoridad denunciando este robo y aunque fuese, ningún agente atendería su demanda. Si acaso la iglesia podría sentirse obligada a intervenir, interferimos sin su licencia en el que ha sido negocio suyo desde siempre, no hay problema por ese lado, algunos de nuestros principales clientes pertenecen a tan honorable institución.

soul-572357_1920Refinado el método, con la demanda asegurada y la mercancía, de mejor o peor grado, dispuesta, sólo faltaba en este negocio el marchante, el mercader que aproximase lo que unos tenían a los que otros demandaban, de la misma forma que el cerdo que coméis en el almuerzo no ha manchado de sangre vuestras manos, sino que lo compráis al carnicero de vuestra confianza y la ropa que vestís no ha sido zurcida en vuestro regazo, sino que la encargáis al sastre o la modista que os complace, igual hacemos nosotros.

Todo se compra y se vende, todo tiene precio, voluntad y virtud se pliegan al comercio, cualquiera de vosotros que haya disfrutado de un amor, si os gusta llamarlo así, comprado, lo sabe. Basta con saber la dirección a la que acudir, la persona a la que preguntar para obtener lo que deseáis, sea ello blanco o negro, virtuoso o corrupto. Vida, muerte, olvido, placer y dolor tienen un precio y un mercader dispuesto a su venta, clientes sobran. Es así cómo durante años mi estirpe vivió, medró y prosperó negociando con estas debilidades, vicios y pasiones. No podéis imaginar la riqueza que puede atesorarse si, dejando de lado remilgos inútiles, os atrevéis a negociar con los deseos de los pudientes, los verdaderamente poderosos, los que no temen ni al poder ni a su ejercicio y saben disfrutar de sus frutos. Nos mezclamos durante siglos con los opulentos como tratantes de sus oscuros deseos, necesarios cómo lo son la peste, el hambre y la muerte e inevitables cómo el destino, allí donde hubiese una necesidad, alguno de los míos se prestaba a satisfacerla, sin importar lo pestilente que pudiese ser, el oro reluce allí donde el resto de metales se pudre.

Y fue buscando la prosperidad que los míos llegaron hasta aquí. Desde su Bulgaria natal, de la que sólo conservan un apellido y el conocimiento que allí adquirieron, pasaron primero a Italia. En el Vaticano crecimos a expensas del deseo irrefrenable de belleza de la curia y la corte papal y establecimos alianzas y acuerdos, de allí nos expulsó la unificación. En secreto escapamos y decidimos probar fortuna en esta Barcelona que todos decían de los Prodigios. Las épocas terminan, las eras cambian y las ciudades que saben navegar esos vientos crecen y con ellas florecen necesidades que hasta entonces permanecían ocultas, escondidas a la espera de tiempos propicios. Exposiciones universales, Gaudí, Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch llenando la ciudad de sueños modernistas; Paseo de Gracia y Via Laietana. La ciudad cambiaba y crecía, se transformaba, atraía artistas, capitales e industrias, con ellas llegaban gentes de todos los lugares con el único deseo de avanzar y satisfacer, en esa prosperidad, sus necesidades y deseos. Los ocultos e inconfesables también. Así llegamos hasta aquí y nos establecimos cómo marchantes, uno más entre los que aquí empezaban, de arte en el carrer Pretitxol. Apropiado oficio para quién lleva siglos satisfaciendo las ansias de coleccionar.

Comencé pronto con los rudimentos del negocio, de los negocios sería más apropiado decir, ordenar la mercancía menos valiosa y mantener al día los inventarios, los públicos y los que manteníamos a salvo en privado, limpiar el polvo, recibir y agasajar a los clientes antes de aliviar sus bolsillos. Reconocía yo, en alguno de los que nos visitaban al caer la tarde en busca de mercancías más inicuas, conocidos que por las mañanas compraban cuadros y esculturas.

Con la caída de la tarde pasaba a la trastienda y a otras tareas. Ordenaba entonces otras mercaderías. Cajitas, cálidas y livianas si estaban llenas, frías y más pesadas si esperaban huésped. Muñequitas y juguetes, palpitantes y de brillantes colores si algún infante las habitaba, inmóviles y mates si las disponíamos para algún negocio. Me aseguraba de que no se mezclasen las mercancías de mejor calidad con las de inferior categoría, a los clientes, sobre todo a aquellos que no tienen los recursos suficientes y tratan de aparentar su posesión, les gusta curiosear y revolver hasta que encuentran lo que les complace y me tocaba a mi después organizar lo que sus titubeos embrollaba.

Las noches estaban dedicadas al aprendizaje: que atrae a quién, donde guardar las unas y las otras, cómo seducir a las de los hombres, complacer a las de las mujeres y entretener las de los niños. No hay en esto guía precisa, sólo el tiempo y la experiencia enseña cómo debe tratarse cada una. Acompañar a mi padre en sus tratos me enseñó la importancia de la sensibilidad y la intuición, no hay manual en este oficio que supla al instinto y la práctica.

Crecí, maduré y pasé a tareas mayores y de más importancia. El proceso ya sabéis que es esencialmente sencillo y cuestión de orden, disciplina y hábito, no así obtener la materia prima, el material apropiado del que extraer nuestro género no puede comprarse en ningún mercado o negociarse en plaza alguna, no disponemos de agentes ni proveedores, debemos buscar entre los que nos rodean los dispuestos a convenir su traspaso, más aún si pensamos en lo más apreciados y demandados, niños y jóvenes no se venden ya en lonja. Aunque siempre hubo quién se acercó a nosotros con la intención de negociar, los más, hasta llenar nuestros almacenes, debíamos salir a buscarlos.

Y lo hacíamos, con preferencia entre los desharrapados, a estos no hacía falta mucho para convencerlos de que desprenderse de ese algo intangible y sin valor aparente, les permitiría obtener los caudales y fondos que precisaban para pagar sus deudas o cubrir vicios y anomalías que, en su estado de degeneración, consideraban más acuciantes que mantener aquello que nosotros confiábamos en comprar. Pero nunca despreciamos a nadie por clase o condición, curiosos incautos, espiritistas fanáticos, satánicos despistados, empíricos ateos, suicidas desahuciados, degenerados de buena cuna, nobles perversos y desgraciados de toda índole, a todos acogíamos y con todos negociábamos…… (Continúa y finalizará el 29/09/2017)

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Un comentario en “El Marchante del Carrer Petritxol -Parte II-

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