Equilibrio.

Equilibrio.

Siempre me cayó bien Aristóteles. Si nos hubiésemos encontrado en Atenas, le habría invitado a unos botijos; de cerveza, no nos confundamos, de esos que por aquí llaman quintos y birras en todos lados. O no habiéndola, a lo que quiera que bebiesen en aquellos tiempos salvajes y remotos.

Hasta a unas tapitas, que siempre son un perfecto acompañamiento y excelente excusa para estas penosas tareas del trasiego alcohólico. De higos, olivas o queso feta, temo que por aquel entonces nosotros, los ibero-peninsulares (permitidme la licencia, así no se me ofende nadie y el toponímico incluye hasta a los hermanos portugueses) todavía no habíamos inventado el jamón -el de verdad, no el que llamamos de York aunque lo hagan en Girona-. Y si por ventura lo hicimos, me da en la nariz que no se exportaba; salvo que los vikingos, piratas y demás morralla que ya se paseaba por nuestras costas, además de violarnos a las mujeres y jodernos el urbanismo a base de incendios, nos esquilmasen los secaderos para financiarse las excursiones. O quizá si lo haciamos, vaya vd. a saber, que esto del Mare Nostrum parece que siempre ha sido un trajín morrocotudo de industriosos conquistadores, taimados mercaderes, pueblos fecundos y jaraneros, viajeros tarambana y diferencias irremediablemente semejantes.

Retomando el hilo que he perdido con tanta digresión, ¿de dónde viene mi simpatía por el filosófico personaje?, sin duda no se debe a mis profesores (sí, cuando yo estudiaba, la ESO era BUP y nos enseñaban -con poca fortuna, añado- filosofía, geografía, físicayquímica, lógica, latín, pre-tecnología y otras materias que ahora os sonarán a mandarín). No habiéndome transmitido tan insignes docentes (Masca, Platas, Canica, Mosca y tanto otros que motejábamos con infantil perfidia y no menos pueril impiedad) ese sentimiento, debe este por fuerza provenir de otras influencias. El tiempo quizá, el que he dedicado después y por mi cuenta a curiosear en todo aquello que tan ilustres e incompetentes próceres del saber fueron incapaces de traspasarme.

Si, por mi cuenta y por el placer de saber (y un poquito de mala leche, no lo voy a negar, que eso de apabullar a los demás con frasecillas y piezas sueltas de conocimientos vanos siempre me ha gustado, eterno aspirante a sabidillo que es uno), con el paso de los años he ido aprendiendo algunas cosas. Una de ellas, que además no he olvidado -junto a lo que es una cámara kirlian y porqué los huevos frescos no flotan-, es un pensamiento que se le atribuye al tal Aristóteles -os lo repito ahora, porque a estas alturas y con la cantidad de ramas que he transitado, lo más normal será que hayáis olvidado de quién hablábamos y porqué-. No es otro que aquel que dice: “la virtud se haya en el justo término medio”.

Si lo saco a colación, es porque en estos días de extremos me parece buen ejercicio repensarse el dicho y ya puestos al que lo parió. Nos vendría bien descansar de tanta red asocial y pensar un poco, con mesura no es malo y hasta produce cierto gustirrinin; meramente intelectual, lamento comunicar a quién espere resultados más lúbricos. Así quizá, podríamos recordar que si la tierra es habitable, se debe principalmente al hecho de encontrarse a medio camino entre la megalomaniaca estufa que es el sol y la aburrida, fría del carajo e inhóspita periferia planetaria. Si podemos joder al prójimo, engañar al vecino y fastidiar a nuestros conciudadanos es de chiripa, porque la casualidad decidió poner una nube de basura espacial en el preciso lugar, justo ahí en medio, en el que podía llegar a formar este monísimo planeta, plagado ahorabde aburridos insatisfechos, que nos han cedido en alquiler.

Y no sólo del local que habitamos se trata, en el fondo todo se refiere a puntos medios, a equilibrio, ese que tanto nos falta hoy. Esos puntos que nos permiten jugar al balancín y a la peonza, pesar las patatas, matar el rato construyendo castillos de naipes o haciendo girar una moneda. De ese sentido que nos permite andar erguidos y en línea recta. Mirar a uno y otro lado, arriba y abajo sin temer al vértigo de los extremos. Dormir como un bebé, no odiar al jefe ni gritarle al encargao, esperar nuestro turno en la cola, disfrutar de la poca armonía que seamos capaces de entonar, querer a la familia aunque no la hayamos escogido. Amar a tu pareja, incluso en esas ocasiones que no sabes que narices le pasa por las tripas. Entender que tu hija nunca será lo que habías pensado, porque tiene unos planes diferentes y mejores. Aceptar que irremediablemente, no serás aquello que soñaste, pero no ha quedado tan mal el resultado. Continuar queriendo a tus amigos, a pesar de que sea un infierno encontrar una hora para veros, tanto running, que ya no se parezcan un pijo a los que conociste y en ocasiones te crispen los nervios. Divertirte con cada partida de mus, sin importar que a veces sean los otros los que ganen y escribir lo que te apetece, sin la preocupación de que podría ser mejor, si lo hubiese escrito otro.

EPÍLOGO

Atendiendo a la definición de la R.A.E., el equilibrio es:

1. Estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan destruyéndose mutuamente.

2. Situación de un cuerpo que, a pesar de tener poca base de sustentación, se mantiene sin caerse.

3. Peso que es igual a otro y lo contrarresta.

4. Contrapeso, contrarresto o armonía entre cosas diversas.

5. Ecuanimidad, mesura y sensatez en los actos y juicios.

6. Fís. Estado en el que se encuentra una partícula si la suma de todas las fuerzas que actúan sobre ella es cero.

En estos tiempos que corren (aunque en ocasiones más parece que se arrastren, por lo mucho que nos cuesta dejar atrás comportamientos caducos y rancios), casi todas ellas me resultan reconfortantes y algunas son casi proféticas. Un par, debieran ser de obligado conocimiento y cumplimiento para todo aquel que opte a la categoría de ciudadano.

Aunque en estos momentos tenga la tentación de quedarme con la primera, no habiendo quinto malo, es esta, la quinta, la que considero ideal.

Anuncios

Cine y Literatura, ¿amigos inseparables o enemigos íntimos?

Cine y Literatura, ¿amigos inseparables o enemigos íntimos?

La Torre Oscura, It, Blade Runner 2049, El Muñeco de Nieve, El Ritual, Figuras Ocultas, La Pell Freda (La Piel Fría), 50 Sombras más oscuras, Un monstruo viene a verme, Asesinato en el Orient Express… Si algo tienen en común todas estas películas del 2017, y otras tantas que no aparecen en esta breve lista pero si podéis encontrar aquí, es que se trata de adaptaciones, de libros.

Podemos opinar sobre la calidad de cada una de ellas y su fidelidad, o no, respecto al texto en el que encontraron su primera inspiración. Lo que si está claro es que visto el número de intentos parece que, sea como amigos inseparables o íntimos enemigos, el cine vuelve una vez tras otra, con ánimo inagotable, a beber e inspirarse en la literatura (si incluimos el comic y ampliamos el espectro a las series televisivas, el trasvase es más numeroso y evidente).

Por algún motivo (probablemente los principales sean la dificultad de transcribir imágenes y ritmo, más aún en filmes de acción galopante) poco se da al revés, del cine a la literatura, por eso me atrevo a decir que el flujo de títulos es practicamente inapreciable. Me cuesta recordar un sólo libro basado o inspirado en una película, al menos alguno que yo haya leído. Ni siquiera “Star Wars”, aún siendo como soy fan inicial y maduro de la saga, ha conseguido que me decida a su lectura. No obstante aún siendo así, es innegable que la influencia existe, sino en títulos, si en la forma de escribir algunos libros. Comienzos trepidantes, onomatopeyas sintácticas, personajes altisonantes e histriónicos, diálogos vertiginosos; fuegos artificiales en suma que pretenden dotar al texto de una calidad que va más allá de lo literario y se adentra en lo visualmente animado.

¿Es posible que el cine y los libros se entiendan o es inevitable la confrontación?. Manuel Gris, Gemma Solsona, Iván Albarracín, Raquel Mayorga y Roberto Magán dedican el programa a tratar de aclarar las complicadas y eternas relaciones entre el cine y la literatura.

Programa 17

Los “malos” vuelven a Radio Cunit

Los “malos” vuelven a Radio Cunit

Nos encantan los villanos, casi tanto como los helados de fresa y chuparnos los dedos después de comer tarta de nata. ¿Quién de vosotros no ha deseado alguna vez ponerse la máscara de Darth Vader, morder el cuello de Mina Harker, ser tan rico como el Sr. Burns, pasear a su Gremlin, engañar a Caperucita Roja o comerse a uno de los tres cerditos?.

Los tipos malos, los malvados no sólo son imprescindibles en nuestras historias, antagonistas necesarios de unos “buenos” cada vez más atribulados, diluidos y grises. Son encantadores, sibilinos, hipnóticos -no olvidemos a Kaa-; entrañables al fin y al cabo, necesarios e incomprendidos. Si Jeanette era rebelde por culpa del mundo, estos bribones lo son por decisión nuestra, nuestros canallas obligados.

Gemma Solsona, Raquel Mayorga, Iván Albarracín, Manuel Gris y yo mismo, volvemos a dedicarle  media hora a estos personajes indispensables en toda historia.

Entrañables Malvados

La antología “Vampiros en Barcelona” habla en Radio Cunit

La antología “Vampiros en Barcelona” habla en Radio Cunit

Y continuamos hablando de Libros, editoriales y letras. Si en el programa pasado hablamos con unos auténticos Ronin, esta vez nos adentramos en el terror aferrados a la mano de un auténtico experto. Nos acompaña José Luís del Río de Apache Libros para hablarnos de su próxima aventura: “Vampiros en Barcelona”.

Como su nombre indica, se trata de una antología dedicada principalmente a dos temas, los Vampiros y Barcelona. Si seguís el blog, sabréis que desde la P.A.E. tenemos un especial cariño a estas encantadoras criaturitas y siendo así, no podía faltar nuestra representación, en esta ocasión Gemma Solsona, Iván Albarracín y Manuel Gris colaboran con su visión de este mito casi eterno.

Además de los ya mencionados, en el programa nos acompaña de nuevo Raquel Mayorga y Fayna Bethencourt para saber algo más sobre terrorífico proyecto que pronto estará a vuestra disposción.

¿Nos acompañáis? no puedo garantizaros el miedo, pero si media hora de entretenimiento.

Programa 15: Vampiros en Barcelona