Cantaban los trovadores y rapsodas que hubo un tiempo en el que había gamberros suficientes a los que seguir para cruzar la península de norte a sur, de este a oeste y del nordeste al sudoeste, sin cesar de escuchar chuflas, burlas y guasas. Tantos eran que cada aperitivo contaba con la presencia de al menos uno y cada cerveza los incluía junto al platillo de aceitunas, las unas rellenas de anchoa, los otros plenos de humor y retranca.

Pero nada es eterno en este valle de sonoros sollozos y emojis cambiantes. Llegó pués el tiempo de los políticamente correctos, revolucionarios de red social,  indignados perpetuos y santurrones del culto al progresismo más retrógrado. Un sólo gamberro, no necesariamente de los orondos, uno esmirriado y famélico servía como alimento a estos depredadores semanas, bien administrada su carne correosa alimentaba sus egos hasta encontrar una nueva presa. Los restos de estas hecatombes, huesos rebañados, mondos y pelados llenaban las cunetas de facebook y twitter, testigos calcareos y blanqueados al sol, el mismo que los meapilas tomaban embadurnados con lociones solares factor 50+1, de la grandeza y poder del nuevo orden.

Perseguidos, cazados sin piedad y exterminados sin compasión, los gamberros desaparecieron. Ni uno podía hallarse en los piscolabis, sin ellos las risas se ahuecaron y acartonaron, ecos ridículos de las que habían sido. Como paso antes con las brujas, orcos, gnomos, elfos y enanos, los gamberros dejaron este mundo y lentamente cruzaron el umbral de esta existencia para habitar las lejanas tierras donde descansan los mitos y las leyendas.

Pero no todos se exiliaron, un puñado resiste como antes hicieron los galos. Ocultos y cautos; como las bruixas en  Lugo, los níscalos en los bosques oscuros y los vírgenes en los departamentos de informática, esperan su momento para volver a llenar el ambiente con sus pitorreos y chanzas.

Probablemente este haya sido el programa más transgresor, surrealista e incorrecto que hayamos grabado en los tres años que llevamos en antena. Una árdua búsqueda nos ha permitido encontrar a dos de estos gamberros y a ellos nos hemos entregado en una psicodélica entrevista, con menos temor que un domador y más vergüenza que una doncella los hemos entrevistado durante media hora. Adolf Stalin y McArthur Brother nos contarán que fue de la pantera rosa, Oliver y Benji, los pitufos y David el Gnomo entre otros. Para mi desgracia, he sido débil y me he dejado llevar por esta locura y he formado parte de esta bacanal radiofónica. Peno desde entonces, purgo mis pecados con la flagelación nocturna, empleo para ello hojas de la revista GQ y Esquire. Mi espalda lacerada y amoratada es la prueba palpable de mi penitencia, incluso con la camiseta (con los frios que hace no está el ambiente para pechos descubiertos), los zurriagazos muerden mi tierna encarnadura y lastiman mi cuerpo fofisano.

Si pasar un buen rato queréis, acompañadnos. Gemma Solsona, José Antonio Bonilla y quién avergonzado escribe esto dedicamos el programa a conocer esos Mitos Caídos de Nuestra Infancia y a sus gamberros autores: Manuel Gris e Iván Albarracín. Como siermpre estáis invitados a compartir rato con nosotros, podéis escucharlo aquí o, como siempre, seguirnos en el canal de ivoox.

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