Alguien me puso aquí, espero desde entonces. Aburrida, mato el tiempo asomándome a este escaparate, silenciosa en inmóvil. Día tras día os veo pasar. Seres sin curiosidad, dóciles bestias, previsibles y monótonos peatones.

Apresurados por la mañana, sin tiempo para mirar otra cosa que no sea la punta de vuestros zapatos, si acaso alguna mirada furtiva, rápida y de reojo mientras paráis y encendéis un cigarrillo.

Y al llegar la tarde, volvéis, caminando en sentido contrario, cansados y cabizbajos; paráis, rebuscáis el penúltimo cigarrillo y pasáis otra vez de largo.

Os volveré a ver mañana, mientras espero, aunque no sepa que.

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