Miseria

Miseria

Habitaciones con vistas y bien ventiladas, sarcasmo cruel; homeless, sin techo, sense sostre: eufemismos cobardes. Miseria.

Otros nos dicen que debemos ser, pensar, creer, sentir, parecer. Tenemos la obligación de no creer y ver, mirar, buscar.

Y mirando aprendemos que nuestras ciudades son hermanas y en sus calles, diferentes pero iguales, encontramos, para nuestra vergüenza, miseria semejante e igual desamparo.

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Indiferencia

Indiferencia

Tu madre te engañaba, tu padre callaba. No te esperaban días de vino y rosas, no del vino que ella imaginaba al menos; rosas nunca te regalaron, quién te agasajó lo hizo sólo con las espinas.

No merecías ser feliz, tampoco dormir tirada en la Gran Vía. Nada merecemos por nacer, sólo la vida que nos regalan; como juguemos la mano dependerá de nuestra habilidad y del humor de la puta fortuna al repartir.

No esperes justicia de los hombres, sólo entienden la ley; ni en la poesía, sólo es retórica; tampoco la hallarás en los cielos, de allí sólo vendrá la indiferencia de unos dioses olvidados y la lluvia en otoño.

Faros

Faros

Orgullosas y altivas luces en la noche, torres tranquilas en la espera.

Recuerdos de otra época cuando el mar era frontera, líquida y fluida; promesa, oportunidad y amenaza.

Humilde candela en un tiempo de sombras, cuando el viaje era conveniencia y el destino casualidad.

Viejos vigías, cansados de posar.

Justicia

Justicia

Ni siquiera se porque estoy aquí, debería estar en cualquier otro lugar. Acariciando a mis hijos o besando a mi mujer. Disfrutando del sol y la brisa al atardecer.

Deseo que termine pronto, que cese el dolor y callen los gritos. Que acabe ya, no soportaré mucho más.

Tu al menos sabes porqué estás aquí, yo no puedo elegir, no me dejaron otra opción, es lo que aprendí, lo único que se hacer.

¡Por dios, deja ya de gemir y suplicar! ¡diles lo que quieren escuchar y esto cesará! Yo podré volver a casa y besar a mis hijos antes de acostar y para ti este terrible proceso acabará.

No me obligues a continuar, ¡por favor!, ¡no soporto toda esta sangre, los crujidos, ni el hedor! Termínalo ya para que yo pueda volver a mi vida y tu puedas descansar en paz.

Fortuna

Fortuna


“Como un sueño de loco sin fin. La fortuna se ha reído de ti”


No, no estás loco, al menos ayer te acostaste cuerdo. Sin hogar, techo ni suerte, pero cuerdo.

Quizá la noche ha cambiado algo y se haya operado la transformación. Despertarías entonces en el mismo sucio rincón en el que te acostaste, a la vista de todos, pero convertido por fin en orate. Sería entonces real la primera parte de la estrofa que lleva días atormentándote.

Serías entonces afortunado por primera vez en mucho tiempo. Mejor chiflado si has de continuar viviendo en la calle.

En tu cabeza, mientras recorres sin rumbo esta ciudad indiferente y moderna, se repite sin cesar ni respiro la misma letra y melodía. Te recuerda a cada instante cuanto disfruta la odiosa fortuna riendo a tu costa.

Los dioses sólo existen mientras pueden jugar con sus ignorantes creaciones.


La estrofa que encabeza esta pequeña historia no es mía ni tengo la intención de atribuírmela, quizá podría hacerlo, no se cuantos de entre los que lean esto serán capaces de identificar o recordar a sus autores, hace ya algún tiempo que la cantaron por primera vez.

Se trata de La Unión y la canción no es otra que: “Lobo Hombre en París”, si queréis volver a escucharla, no tenéis más que dejar que vuestro ratón se pose en el enlace y seguirlo hasta donde os lleve, la magia del hipertexto hará el resto.

Vértigo

Vértigo

Mira hacía arriba, abajo da vértigo y miedo. Intenta volar, mejor imaginarlo y caer que hacerlo sin siquiera haberlo soñado.

Sube, es inevitable bajar; mientras desciendes recuerda el Olimpo. A esas alturas sabrás que no hay dioses allí, sólo sueños lo habitan; esperando pacientes que vuelvas a empezar.