El último

El último

Lo más sobrecogedor es el silencio. Absoluta, completa y sobrecogedora ausencia de sonidos, esos que el hombre genera inconsciente, continua e inevitablemente. Conversaciones, tranquilas unas, otras que asemejaban encendidas discusiones y las que se hacían a distancia; risas de adultos, llantos y berrinches de los niños, el petardeo de una moto, las ruedas del carro de la compra o las maletas; pisadas, de suelas de cuero en invierno y de chanclas con el buen tiempo. Todos han desaparecido y nada ocupa el tranquilo vacío.

Asomado a la barandilla del centro comercial, Yahvé es consciente no tanto de las ausencias como de la irreversible y eterna tranquilidad. Y con el silencio, el convencimiento de la obra acabada y la inutilidad de continuar. Los seres que lo habían soñado para controlarlos, castigarlos y guardarlos no estaban, ni volverían. Habían marchado, todos ellos. Resignado a volver al limbo del que nunca debió salir, la deidad saltó al vacío, deseando que el estruendo al estrellarse allá abajo no perturbase el velo de silencio más que un breve instante, al igual que las olas agitan levemente la piel del mar antes de desaparecer como si nunca hubiesen existido.

Agradecimientos: La foto, como hago habitualmente, la he encontrado en pixabay y pertenece a Andrea Palmieri

Este brevísimo texto lo imaginé en una barandilla. Al igual que Yahvé, con la diferencia de que yo fumaba, me asomaba al mundo que discurría, ajeno a mis pensamientos, debajo. En contraste a lo que le causa sorpresa, la mía no provenía del silencio sino del continúo estruendo que producimos. La Calle de la Carabela la Niña resonaba, a la luz de un claro día de sol, con todos los sonidos que he expresado y algunos que no he sido capaz de recordar, antes de desaparecer bajo el centro comercial de L’Illa. El propio centro comercial está siempre rebosante de sonidos. Incluso a primera hora de la mañana puedo escuchar mis pasos, los de un compañero o los del personal de seguridad, mientras camino a la oficina. De ahí a pensar que aspecto tendría en el más absoluto silencio, no hay más que un breve trecho. Me pareció adecuado completar la escena con un protagonista de excepción, un dios contemplando este paisaje silencioso y desolador y recordando a todos los seres que lo imaginaron y dieron vida. Esta deidad, que representa a todas las que hemos inventado a lo largo de los siglos, comprende que su existencia no tiene sentido sin la presencia de aquellos que lo crearon, todos nosotros.

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Matías

Matías

Hoy los compañeros de la P.A.E. me han brindado la oportunidad de publicar en nuestro Blog , el mismo que con tanto cariño y esfuerzo mantienen limpio, pulido y en perfecto estado de revista Manuel Gris e Iván Albarracín

La entrada se corresponde a un relato “histórico”, podéis encontrarlo en nuestra web, para abreviaros el camino, aquí os dejo el enlace directo: Matías. Además de leerme, os recomiendo que dediquéis un rato a revisar las que me acompañan, a lo largo de las últimas semanas mis “hermanos” han ido escribiendo relatos y reflexiones que merecen ser leídas. Encontraréis diferentes estilos, sensibilidades y perspectivas, todas ellas de una calidad excelente.

En cuanto a mi relato, forma parte de un proyecto, inconcluso por el momento, que debía componerse de cuatro o cinco historias sobre otros tantos personajes. El nexo de unión entre todos ellos es la relación de amistad que mantienen, amistad nacida en la infancia y en el patio del colegio, donde los raros se unen porque no les queda otro remedio y ya se sabe que semejante atrae a semejante. Singulares todos ellos, aislados del resto en su desolación y tristeza, se reúnen en su peculiaridad y encuentran, aunque solo sea en los breves instantes del recreo, un lugar común en el que convivir y compartir el silencio y la soledad. Estoy seguro que todos hemos convivido en los patios con grupos semejantes y algunos de nosotros, entre los que me incluyo sin vergüenza, hemos formado tribus semejantes en uno u otro momento.

Confío que disfrutéis de su lectura y Matías no os resulte indeferente.

Preservación

Preservación

Conscientes de la extrema gravedad de la situación que venimos padeciendo en los últimos años, este ayuntamiento y el equipo que eventualmente lo gestiona se ve en la obligación de buscarle alivio, en la medida que los magros recursos a nuestra disposición lo permitan. Por ello, acordamos las medidas de preservación que a continuación se detallan: “Toda unidad familiar (sea esta mono, bi, tri o multiparental y tenga o no descendencia) empadronada en este municipio recibirá, en  un plazo máximo de 30 días contados a partir del presente, en depósito y custodia un ejemplar de mosca y otro de mosquito”. Junto a los especímenes, se hará solemne entrega de la obligación de su cuidado, sostén y salvaguarda.

Conocedores también del extremo cariño de esta localidad y sus habitantes hacia todo animal, sea vivo o guisado y aliñado, esta asamblea no puede considerar idea descabellada que sean muchos los clanes que ya posean, bien en propiedad bien en usufructo, uno o más ejemplares de las mencionadas bestezuelas. Conscientes de estos hechos y sabedores que no podemos permitir, más aún en estos tiempos repletos de corruptelas, apaños y componendas, que sombra alguna de inequidad o injusticia ensombrezca este magno y pionero conciliabulo, nos vemos por fuerza impelidos a salvaguardar la apariencia de justicia y equidad en este ilusivo y apasionante proyecto. Por todo lo expuesto, debemos considerar y consideramos que la posesión previa -sea esta voluntaria, involuntaria o accidental- de ejemplares de dichas raleas no es motivo suficiente en ningún caso, circunstancia o condición para cualquier alegación o eximente -sea este total, parcial o porcentual- en el cumplimiento de esta universal, si bien limitada al ámbito geográfico de nuestra urbe, obligación.

Los mentados ejemplares serán otorgados en guarda, amparo y tutela volubles; debiendo ser esos mismos y no otros parecidos, semejantes, sinónimos o análogos, retornados a esta institución en el plazo exacto de seis meses, naturalmente transcurridos, desde la fecha de su entrega. Dicha fecha será considerada a todos los efectos, sean estos deseables o secundarios, aquella que el honorable y augusto funcionario comisionado haga constar, mediante estampillado estruendoso y monocromo, en el albarán de erogación entregado en el momento de la toma de posesión de las aladas mercancías por parte del afortunado, eventual y putativo tutor.

Debiendo velar esta institución por el cuidado, bienestar y confort de los bichejos entregados en custodia; estima adecuado comisionar la manutención, higiene y mantenimiento en general de los mismos al beneficiario; debiendo este detraer -con manifiesto alborozo y regocijo- de sus haberes los dineros necesarios para proveer cabalmente de manduca, sustento, refugio, esparcimiento, aseo y cuantas necesidades se considerasen necesarias para su correcto acomodo. Si algún vecino considerase fundado alegar que su peculio no da para estos dispendios, podrá suplicar a este cabildo que se le dote con alguna de las becas, ayudas, subvenciones, suplementos o subsidios que a tal efecto han sido reservados. Dicha súplica deberá obligatoriamente tramitarse, por triplicado y con coda, a través de las instancias y ruegos que se pondrán a disposición de los demandantes en todas y cualesquiera de las oficinas de atención a la ciudadanía y asimilados.

Siempre al acecho de incumplimientos e infracciones, esta institución resuelve crear por la presente la agencia de Inspección y Revisión Especial del Bienestar, facultada por ley y por narices a realizar cuantas inspecciones se consideren necesarias para verificar el cumplimiento de lo antes acordado. Dichas inspecciones podrán ser presenciales o no, considerándose remotas en este último caso; intensivas, extensivas o mixtas (acompañadas de queso) y su cadencia o frecuencia mucha o poca, dependiendo del ánimo, disposición y temperamento de los agentes encargados de su realización. Los inspeccionados deberán mostrar la cooperación esperada siempre que se les solicite o demande, no pudiendo alegar, entre otros: desconocimiento, ausencia, apatía, abulia, soponcio, ajetreo o desmayo para hurtarse a las mismas. El procedimiento y contenido de dichas revisiones será objeto de una normativa específicamente especial y se desarrolla en documento separado, anexo y adjunto al presente, aunque por el momento no se incluya.

A efectos de identificación de los especímenes, se ha dispuesto dotar a cada ejemplar de una minúscula matrícula alfanúmerica e indeleble que se mantendrá solidariamente unida al mismo a través de una cadenilla sujeta a una de sus múltiples extremidades (comúnmente denominadas patitas). Será en el momento de la restitución cuando el funcionario a cargo de la entrega revise la identificación, confirmando que sea esta la correcta, se halle incólume y corresponda fielmente con la asignada al receptor, devenido en este acto devolutor, no permitiéndose cambios, trueques ni permutas inter-civium, sea cual sea el motivo alegado para estas. Además de la realizada a la identificación, el administrativo ejecutará también revisión preliminar y exhaustiva del estado general en que se reintegran los insectos, debiendo ser este similarmente idéntico a aquel en que fueron dispensados. De manera primordial, aunque no exclusiva, la revista se centrará en todo lo que hace relación a su salud, limpieza, aleteo y pesadez. De no ser el resultado general el anhelado, los responsables de cualquier tara, quebranto, merma o menoscabo deberán indemnizar cumplidamente a esta institución en la cuantía que marque el justiprecio que cada ejemplar llevará engominado en el reverso de la antes mencionada matrícula.  En ausencia, pérdida o ilegibilidad de dicho precinto, se reserva este concejo el derecho a fijar el precio basándose en la opinión experta que considere más adecuada a sus intereses o más le plazca en cada momento.

No podemos terminar el presente edicto sin señalar que el compromiso de nuestra ciudad con toda vida, animal o no, es ejemplar y ejemplarizante cual vida de santo. Sabemos que otras urbes en el orbe observan con celo, recelo y envidia el arquetipo que, sin duda, representa este novedoso advenimiento; lo aceptamos con resignación y alboroto, alguien debía tomar la iniciativa y nos complace ser una vez más los primeros en dar tan importante tranco, sin temor al traspiés. Podrían los más críticos argumentar que llegan demorados estos denuedos, tienen parte de razón en sus cuitas quienes así se expresan, cierto es que no podemos recuperar ya a todos aquellos mamíferos, reptiles y aves que hemos exterminado con entusiasmo, aunque sin aviesa intención, en estos años. No es menos cierto, empero, que nuestro compromiso con lo que resta: insectos, artrópodos, moluscos, equinodermos, crustaceos, gambas, centollos y bichos en general, es firme, inflexible e inalterable, rocoso incluso. Hoy comenzamos con las moscas y mosquitos, en Navidad serán los carabineros, ostras y percebes y con el amanecer del nuevo año les tocará a las cucarachas, arañas, ciempiés y escarabajos. Pronto nuestros paisajes volverá a poblarse de la asquerosa vida que nunca debió desaparecer.

Barcelona, 01 de marzo  de 2027.
La Alcaldesa, etc. etc. etc.

Postfacio (epílogo):

No tengo ni la más remota idea de porqué algunas imágenes se convierten en potenciales historias mientras otras pasan sin dejar rastro. En este caso, bastó una simple mosca para despertar, hace ya algún tiempo, el germen de esta.

Empezaba la primavera y me descubrí una mañana de sábado observando las erráticas evoluciones de uno de estos pesados, omnipresentes y contumaces bichos. Lo primero que pasó por mi cabeza es que empezaba el buen tiempo y ya teníamos en casa la primera de una serie que seguro continuaría hasta bien entrado el otoño. Quizá por aburrimiento la idea continúo su devenir y pasé entonces a pensar que tal vez cada casa y familia tuviese en ese preciso instante otra mosca rondando y alguien mirándola e imaginando lo mismo que yo ¿Y si alguna autoridad o ente superior fuese la responsable de la aparición de esta primera mosca? ¿y si tuviésemos que asegurar su supervivencia toda la temporada y devolverla en perfecto estado al finalizar el verano? De ese par de preguntas nació la idea de que fuese el Ayuntamiento el responsable de entregarnos cada año una mosca en custodia y nuestra la obligación de retornarla en perfecto estado de revista al final del verano.

Una vez planteada la historia, sólo restaba encontrar la forma de contarla. En esta ocasión he decidido hacerlo desde el más insensato de los absurdos y más como un juego con las palabras que cómo un verdadero relato. El resultado creo que es uno de los más estrambóticos y disparatados edictos que Ayuntamiento o autoridad alguna hubiese imaginado nunca promulgar. 

El Marchante del Carrer Petritxol -Parte III y FIN-

El Marchante del Carrer Petritxol -Parte III y FIN-

Parte I

Parte II

……. «Exactamente veintiún gramos, ni uno más ni uno menos, en el momento en que firme Vd. el contrato, pase por nuestro gabinete, completemos la transmisión y le entreguemos la cantidad pactada, abultada cómo seguro recordará. A parte de esta mínima pérdida de peso, esta transacción no tendrá ningún otro efecto para Vd. De esta forma, al menos obtiene una compensación. Somos la mejor, sino la única, alternativa a regalarla, aunque eso sea lo que Vds. vienen haciendo, por superstición, desde siempre. Nosotros le ofrecemos un beneficio, real y tangible, en esta transacción, hoy y aquí, no mañana y en el más allá» Decenas de veces repetí este discurso con éxito, Mefistófeles, de existir, se hubiese sentido sin duda orgulloso de nosotros, recogimos nosotros más de las que él y su jefe hubiesen soñado.

Caso aparte eran las tiernas y puras, por suerte no resulta imposible encontrarlas en esta Barcelona convulsa en la que he tenido la suerte de vivir. Junto a las brillantes avenidas, están aquí el Raval y Somorrostro. Todo está allí en venta y se puede comprar, basta con tener los conocidos oportunos y contar con el capital necesario, de los primeros teníamos suficientes y de lo segundo, de sobra. Con esto, es fácil convencer a quién vende su cuerpo por obligación día sí y día también, para que venda otras pertenencias menos tangibles, más todavía si las haces creer que lo obtenido de la transacción les permitirá vivir, un tiempo al menos, con holgura y sin los quebrantos que su oficio les impone. Si y también la de su prole, quienes no tienen reparo en prostituir a su progenie poco han de tener en poner precio a aquello en lo que ya no creen. Me complacía a menudo paseando por aquellas calles, cómo le complace al ranchero vigilar sus rebaños, lo mismo que él obtiene de sus reses obtenía yo de estas gentes, fortuna.

Jamás sentí remordimientos o pesar por aquellos a los que privaba de su esencia, así son las cosas, no creo que un lobo sienta pena por las ovejas que consume, la naturaleza es despiadada y no hay lugar para la piedad entre los depredadores, está en su naturaleza cazar cómo está en la de las presas ser abatidas. Mejor fortuna en otra ocasión, para estar en mejor lado de la mesa y con mejores naipes.

Podéis pensar que os miento, si es así, bastará con que os asoméis a cualquiera de estos barrios y os fijéis en los grupos de niños que por allí juegan, prestad atención también a los que duermen en brazos de sus madres. Aquellos que veáis apartados de los demás, inanes, indiferentes a la risa y al juego, apáticos, siempre dormidos y ajenos a los mimos, esos es probable que hayan pasado por nuestro gabinete. Espero que su madre haya sabido utilizar bien lo que de allí sacó.

Se llenaban así nuestros estantes con peonzas, pequeñas muñecas y pulserillas de brillantes colores.

Entre todos estos recogíamos, sin remordimientos ni pesares, pagando por la transacción, acordando el coste y el beneficio. Si tocaba, también las hurtábamos, bajo demanda o por propia iniciativa, siempre que considerásemos posible el negocio.

No es tarea sencilla este saqueo, precisa de una cercanía y confianza que no se otorga sin más, pocos conozco que se pongan a roncar en presencia de desconocidos y en cualquier lugar. Por fortuna contaba yo con características que se revelarían especialmente valiosas para estas lides y me permitirían entrar en alcobas y dormitorios. Desde que yo recuerdo, era capaz de atraer, casi por igual, a mujeres y hombres, siempre que estos tuviesen ciertas inclinaciones, no demasiado aceptadas, pero más extendidas de los que pudiera parecer. Me resultaba a mi completamente indiferente yacer con las unas y con los otros, siempre que obtuviese lo que deseaba con ello y no era mi placer el principal motivo para hacerlo.

Entre el sudor y otros humores más privados, hallaba yo el momento para mi tarea, en el descanso del contendiente encontraba yo el instante adecuado para obtener aquello que guiaba estas incursiones. Bastaba con aproximar la cajita con las florecillas seleccionadas al aliento del yaciente, recitar los versos escogidos y esperar unos breves instantes. En alguna ocasión despertó mi amante para descubrirme con la cajita y la flor cerca de sus labios y a mi recitando el grimorio, mintiendo siempre salí con bien. «Acepta la flor cómo un presente en pago a la noche y la oda, que no es más que un viejo verso que uso cómo ofrenda a la belleza, siendo la tuya incomparable te pertenecería por derecho, lástima no sea de mi propiedad para entregártelo a ti como dueña suya», con estos sencillos engaños bastaba. Perdí en esas ocasiones la oportunidad. Más pronto descubrí que era poco riesgo si lo comparaba con todas las ocasiones en que pude recogerlas sin contratiempo. Unos pocos salieron con bien y ahítos de placer, afortunado puñado si no encontraron después un desalmado -irónico el termino para usarlo aquí- que no se conformase con lo poco que yo me llevaba.

Marchaba luego con la intención de no volver jamás a encontrarme con ellos, hubiese sido la noche provechosa o baldía. Aunque no siempre fue así, en mi juventud me solazaba yaciendo con conocidos, amigos incluso, aunque les ocultase a los unos y a los otros que me complaciese con ellos, más pronto dejé de hacerlo. Descubrí que acariciar y penetrar cuerpos sin alma es cómo intentar saciar la sed con frutas sin jugos, secas y agostadas. Sólo alguien que cómo yo conociese los entresijos del alma podría descubrir que el placer, sea carnal o espiritual, no puede satisfacerse completamente en ausencia de la llama que sabiamente los antiguos llamaban vital.

¿Qué pasaba con ellos después?, nada que el tiempo no hubiese acabado trayéndoles. Nada resulta eterno, todo es efímero, aunque su tiempo sea prolongado, nos engañamos atribuyendo eternidad a todo aquello que anhelamos: belleza, amor, cariño, amistad, altruismo. Más no es cierto, todo acaba pudriéndose y ajándose, sólo adelantaba yo esta realidad y les permitía apreciar lo que otros no ven hasta la vejez. El impulso se tornaba en ellos apatía, lo fresco se revelaba marchito, lo terso se ajaba, se apagaban y nublaban los colores, el sol se enfriaba, en el amor hallaban aversión y en la pasión, indiferencia, hastío en el cariño y en la esperanza, incertidumbre. Nada que la experiencia no hubiese acabado enseñándoles.

En estos trances he pasado mi tiempo. Aunque os complazca creerlo, no somos tan diferentes. Como a vosotros, a mí no se me permitió escoger lugar, tiempo ni familia, tampoco inclinaciones. La fortuna me acompañó, la ciudad en que nací, creció y cambio de tal forma que me ha permitido medrar cómo ninguna otra, pude pasear por el Eixample y Passeig de Gracia, disfrutar del sueño de aquellos que deseaban cambiar la realidad.

Si me hace diferente la aceptación, asumo mis deformidades, me complace mi corrupción, no hallo motivo alguno para denostarla, más aún cuando contemplo los hermosos resultados que me ha proporcionado. Algo si me entristece, no tener con quién compartirla, pensar que mi cuidadoso trabajo y paciencia no tengan continuidad. Pero es inevitable, soy el último de mi estirpe y nadie continuará el oficio que desde hace siglos han ejercido los míos, conmigo termina todo. Y antes de terminar ¿Qué pasará si intento que la mía sea la última entrada del catálogo? He firmado el contrato, con el viejo apellido que llevamos décadas ocultando, que me autoriza a probar. Los Crisantemos en la caja, sin adornos ni oropeles, y un poema de Rimbaud.

FIN

El Marchante del Carrer Petritxol -Parte II-

El Marchante del Carrer Petritxol -Parte II-

Entrada anterior

….. Encontrada la mercancía, faltaría la oportunidad. Podría pensarse que es difícil o complicado, que precisa de sortilegios, ensalmos o ritos ancestrales, enrevesados y de difícil aprendizaje o comprensión, nada más lejos de la realidad, aunque en ocasiones nos guste adornar la transacción con ellos, basta para realizarlo con que el interesado se halle dormido. Por alguna razón, durante el sueño el vínculo entre lo material y lo inmaterial se debilita, llegando en ocasiones a desvanecerse dicha unión. Es este, el del descanso, el único momento propicio para llevar a cabo la extracción, en individuos despiertos el proceso parece imposible y generalmente conduce a la muerte del sujeto en cuestión. El sueño debe ser natural, el provocado por drogas o licores no suele funcionar, más de uno debería sentirse agradecido por ello, esto ha salvado a muchos de despertar con dolor de cabeza, resaca y sin alma. Aunque bien es cierto que fueron pocos de los que conocí aficionados a la embriaguez, que la tuviesen en mucha estima o siquiera supiesen de su existencia, más allá de lo que cuentan los párrocos, y si estos asistían a misa, más era por la posibilidad de catar el vino que por los sermones.

Con el sujeto dormido, en lactantes el mejor momento es el de la siesta después de mamar. Bastará entonces con seducir al hálito para llevarlo donde se precisa, después habrá que guardarlo. “Las almas se sienten atraídas por lo bello o lo extremadamente corrupto, pero sólo lo primero puede retenerlas y conservarlas”, mi padre lo repetía a menudo, como una letanía, mientras me instruía en el que sería mi oficio y pasión. Encuéntrese pues esa forma de tentarlas y guardarlas.

A las infantiles las encantan los juguetes, pulserillas y abalorios, no se precisa que sean costosos, elaborados o preciosos, una simple peonza o una muñequita de trapo o porcelana suele funcionar perfectamente, tanto en futuros condes como en desharrapados, ambos son entes sencillos en sus comienzos. Acompañar el juguete con una cancioncilla, nana o tonadilla infantil facilita la transmisión, un cuento puede servir también en esta función. Según los donantes se hacen mayores, las inclinaciones se complican y varían de unos a otros, pero una mezcla adecuada del objeto en que se guardarán (generalmente una cajita de taracea para ellos y de hueso o marfil para ellas), flores (siempre blancas: orquídeas, rosas, dalias, Chrysanthemun Leaucanthemum) y sonidos agradables, en mi caso prefiero por encima de la música la poesía, atraen perfectamente su atención. Retenerlas es sencillo, una vez se adentran en el objeto de su elección, suplantan de manera natural y sin dificultad la esencia original del elemento que la acoge. Pierde este entonces una parte de las características que su ser anterior le concedía. Así la madera cambia en el momento en que pasa a acoger una esencia humana, su peso se reduce y su tacto se vuelve más sedoso y cálido, su olor resinoso la abandona y es parcialmente sustituido por el peculiar de la piel. En el caso de las flores, el blanco original se torna azulado para las hembras y rosáceo para los machos, los niños suelen teñirlas de vivos tonos y también cambia su perfume, cómo ocurría con la madera, tornándose este lácteo en los de pecho y terroso en los más grandes.

Caso aparte son las corruptas (de todo hay en este negocio, también quienes las desean y buscan), estás ennegrecen los pétalos y las perfuman con hediondos aromas.

Una vez en su nueva residencia, basta con alejarse del anterior huésped antes de que despierte y asegurarse de que en ningún momento donante y objeto vuelvan a encontrarse en circunstancias propicias, despiertos no existe inconveniente más allá del probable desasosiego e irritación del que fuera propietario. Sacrificar al sujeto es una opción que se empleó largamente en épocas anteriores, ya no la usamos, más si cabe desde que hay policías organizadas en casi todos los países civilizados, emplearla generaría problemas de índole practica que, sin duda, encarecerían la mercancía, complicarían el proceso y pondrían en riesgo el negocio. Nadie en su sano juicio acudiría a la autoridad denunciando este robo y aunque fuese, ningún agente atendería su demanda. Si acaso la iglesia podría sentirse obligada a intervenir, interferimos sin su licencia en el que ha sido negocio suyo desde siempre, no hay problema por ese lado, algunos de nuestros principales clientes pertenecen a tan honorable institución.

soul-572357_1920Refinado el método, con la demanda asegurada y la mercancía, de mejor o peor grado, dispuesta, sólo faltaba en este negocio el marchante, el mercader que aproximase lo que unos tenían a los que otros demandaban, de la misma forma que el cerdo que coméis en el almuerzo no ha manchado de sangre vuestras manos, sino que lo compráis al carnicero de vuestra confianza y la ropa que vestís no ha sido zurcida en vuestro regazo, sino que la encargáis al sastre o la modista que os complace, igual hacemos nosotros.

Todo se compra y se vende, todo tiene precio, voluntad y virtud se pliegan al comercio, cualquiera de vosotros que haya disfrutado de un amor, si os gusta llamarlo así, comprado, lo sabe. Basta con saber la dirección a la que acudir, la persona a la que preguntar para obtener lo que deseáis, sea ello blanco o negro, virtuoso o corrupto. Vida, muerte, olvido, placer y dolor tienen un precio y un mercader dispuesto a su venta, clientes sobran. Es así cómo durante años mi estirpe vivió, medró y prosperó negociando con estas debilidades, vicios y pasiones. No podéis imaginar la riqueza que puede atesorarse si, dejando de lado remilgos inútiles, os atrevéis a negociar con los deseos de los pudientes, los verdaderamente poderosos, los que no temen ni al poder ni a su ejercicio y saben disfrutar de sus frutos. Nos mezclamos durante siglos con los opulentos como tratantes de sus oscuros deseos, necesarios cómo lo son la peste, el hambre y la muerte e inevitables cómo el destino, allí donde hubiese una necesidad, alguno de los míos se prestaba a satisfacerla, sin importar lo pestilente que pudiese ser, el oro reluce allí donde el resto de metales se pudre.

Y fue buscando la prosperidad que los míos llegaron hasta aquí. Desde su Bulgaria natal, de la que sólo conservan un apellido y el conocimiento que allí adquirieron, pasaron primero a Italia. En el Vaticano crecimos a expensas del deseo irrefrenable de belleza de la curia y la corte papal y establecimos alianzas y acuerdos, de allí nos expulsó la unificación. En secreto escapamos y decidimos probar fortuna en esta Barcelona que todos decían de los Prodigios. Las épocas terminan, las eras cambian y las ciudades que saben navegar esos vientos crecen y con ellas florecen necesidades que hasta entonces permanecían ocultas, escondidas a la espera de tiempos propicios. Exposiciones universales, Gaudí, Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch llenando la ciudad de sueños modernistas; Paseo de Gracia y Via Laietana. La ciudad cambiaba y crecía, se transformaba, atraía artistas, capitales e industrias, con ellas llegaban gentes de todos los lugares con el único deseo de avanzar y satisfacer, en esa prosperidad, sus necesidades y deseos. Los ocultos e inconfesables también. Así llegamos hasta aquí y nos establecimos cómo marchantes, uno más entre los que aquí empezaban, de arte en el carrer Pretitxol. Apropiado oficio para quién lleva siglos satisfaciendo las ansias de coleccionar.

Comencé pronto con los rudimentos del negocio, de los negocios sería más apropiado decir, ordenar la mercancía menos valiosa y mantener al día los inventarios, los públicos y los que manteníamos a salvo en privado, limpiar el polvo, recibir y agasajar a los clientes antes de aliviar sus bolsillos. Reconocía yo, en alguno de los que nos visitaban al caer la tarde en busca de mercancías más inicuas, conocidos que por las mañanas compraban cuadros y esculturas.

Con la caída de la tarde pasaba a la trastienda y a otras tareas. Ordenaba entonces otras mercaderías. Cajitas, cálidas y livianas si estaban llenas, frías y más pesadas si esperaban huésped. Muñequitas y juguetes, palpitantes y de brillantes colores si algún infante las habitaba, inmóviles y mates si las disponíamos para algún negocio. Me aseguraba de que no se mezclasen las mercancías de mejor calidad con las de inferior categoría, a los clientes, sobre todo a aquellos que no tienen los recursos suficientes y tratan de aparentar su posesión, les gusta curiosear y revolver hasta que encuentran lo que les complace y me tocaba a mi después organizar lo que sus titubeos embrollaba.

Las noches estaban dedicadas al aprendizaje: que atrae a quién, donde guardar las unas y las otras, cómo seducir a las de los hombres, complacer a las de las mujeres y entretener las de los niños. No hay en esto guía precisa, sólo el tiempo y la experiencia enseña cómo debe tratarse cada una. Acompañar a mi padre en sus tratos me enseñó la importancia de la sensibilidad y la intuición, no hay manual en este oficio que supla al instinto y la práctica.

Crecí, maduré y pasé a tareas mayores y de más importancia. El proceso ya sabéis que es esencialmente sencillo y cuestión de orden, disciplina y hábito, no así obtener la materia prima, el material apropiado del que extraer nuestro género no puede comprarse en ningún mercado o negociarse en plaza alguna, no disponemos de agentes ni proveedores, debemos buscar entre los que nos rodean los dispuestos a convenir su traspaso, más aún si pensamos en lo más apreciados y demandados, niños y jóvenes no se venden ya en lonja. Aunque siempre hubo quién se acercó a nosotros con la intención de negociar, los más, hasta llenar nuestros almacenes, debíamos salir a buscarlos.

Y lo hacíamos, con preferencia entre los desharrapados, a estos no hacía falta mucho para convencerlos de que desprenderse de ese algo intangible y sin valor aparente, les permitiría obtener los caudales y fondos que precisaban para pagar sus deudas o cubrir vicios y anomalías que, en su estado de degeneración, consideraban más acuciantes que mantener aquello que nosotros confiábamos en comprar. Pero nunca despreciamos a nadie por clase o condición, curiosos incautos, espiritistas fanáticos, satánicos despistados, empíricos ateos, suicidas desahuciados, degenerados de buena cuna, nobles perversos y desgraciados de toda índole, a todos acogíamos y con todos negociábamos…… (Continúa y finalizará el 29/09/2017)

El Marchante del Carrer Petritxol -Parte I-

El Marchante del Carrer Petritxol -Parte I-

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Si os dais un paseo por mi rinconcillo de vez en cuando, quizá leyeseis que allá por Abril y con motivo de Sant Jordi, recibí (junto a algunos miembros de la P.A.E.) una invitación irresistible en nombre de Apache Libros: colaborar en una antología sobre Barcelona en su vertiente Gótica. Fruto de esa colaboración, nació un libro que se vendió bastante bien y que a mí, más allá de mi colaboración, me parece un buen exponente de las diferentes formas en las que se puede afrontar un encargo así. El libro refleja diferentes sensibilidades y puntos de vista diversos, enriquecedor por tanto y entretenido, al menos eso esperamos todos los autores.

Han pasado casi seis meses de aquella aventura y me parece un buen momento para publicar por aquí mi colaboración, en esta ocasión me extendí algo más de lo que suele ser habitual en mi y por ello he decidido dividir el relato original en tres pedazos, hoy publico uno, el próximo viernes el segundo y el último de Septiembre el tercero que lo completa. Si os gusta y preferís acelerar la espera, podéis pasaros por la página de Apache Libros y comprarlo, además del mío encontraréis siete colaboraciones más que os harán disfrutar de una visión diferente de Barcelona, todas las ciudades tienen alma, brillante casi siempre, en esta ocasión nos imaginamos una más oscura que sabemos que también existe.

Sin más preámbulos, os presento a Stefano A. Santini, El Marchante del Carrer Petritxol, espero que lo disfrutéis tanto como yo lo he hecho escribiéndolo.

“¡Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, de las que se sueñan en tu filosofía!”

-William Shakespeare. Hamlet, Acto I, Escena V-

Luctuoso hallazgo en el Carrer Petritxol

Todo comenzó el miércoles, cuando los vecinos y comerciantes del carrer Petrixol despertaron con un desagradable hedor a carne quemada que llenaba la calle y se filtraba en las casas a través de las ventanas y los comercios, a través de los cierres a medio abrir a esa hora. Alarmados por la tremenda peste y lo que pudiese originarla, decidieron acercarse a las cercanas Ramblas e informar a la Guardia Urbana al respecto.

Dos agentes de ronda por el Carrer de la Portaferrisa, acudieron a la llamada de los vecinos y tras conversar con ellos y calmarlos, procedieron a personarse en el lugar. Realizadas las oportunas indagaciones se determinó sin ningún género de dudas, que el olor provenía de la conocida Galería de Arte y Antigüedades Santini, propiedad de Stefano tras la muerte de su anciano padre Sandro A. Santini. No atendiendo nadie a las repetidas y enérgicas llamadas de la autoridad y ante la posibilidad de que dentro hubiese algún fuego, los agentes procedieron a allanar el local, no sin antes encomendar a un par de vecinos que se habían acercado con ellos que buscasen y alertasen a alguno de sus compañeros de ronda en las cercanías.

Una vez dentro y no hallando en una primera inspección indicio alguno de fuego ni razón del hedor, procedieron a revisar el resto de estancias. Al llegar a la trastienda encontraron, además de constatar que allí parecía ser más intensa la pestilencia, el cadáver del propietario.

Los sorprendidos agentes fueron incapaces de localizar allí resto alguno que pudiese explicar el fétido olor. Si bien en la estancia se hallaron restos quemados y aún humeantes, ninguno de ellos correspondía a animales o carne. Las cenizas correspondían, en su mayoría, a pequeños juguetes de madera y latón, abalorios de vidrio, cajas de taracea y otras, más ricamente decoradas estás, de marfil y hueso; lo que parecían ser pétalos y papel completaban el montón. Restos que, a todas luces, no podían explicar el hediondo perfume que aún hoy, un día después, puede percibirse al pasar por delante del viejo comercio.

El forense de guardia indica en su informe preliminar que el finado no mostraba evidencia alguna de lucha, forcejeo o violencia. No había hematomas, moretones, rasguños ni heridas visibles. Se le halló sentado, en una silla colocada tras una mesa de despacho, en posición normal, cómoda incluso. Sólo su rostro mostraba una expresión de dolor y desasosiego que no podía atribuirse al Rictus Mortis, no sólo al menos.

A la espera del resultado de la autopsia, el forense atribuye la causa de la defunción a un ataque cardiaco. Ataque que debió sobrevenirle al infeliz mientras observaba consumirse la pira que, por alguna extraña razón que se nos escapa, había decidido organizar en la trastienda. Esta causa sería, además, explicación plausible para la expresión de su rostro, debido a la angustia y el padecimiento del infarto.

El misterio aumenta si, a todo lo relatado antes, unimos el hecho de que en la mesa se encontró una tosca caja de madera, semejante a las que se habían consumido en la pira. Esta sin adornos u ornamentos, sorprendentemente liviana y que contenía en su interior, junto a unos versos de Rimbaud, lo que parecían ser algunos ejemplares de Chrysanthemun Leaucanthemum, vulgarmente confundidas con las Margaritas, de un sorprendente color oscuro y repulsivo olor. Y para completar la escena y el misterio, bajo la caja se encontró un documento, redactado en latín y de título “Acta Collector”, firmado al final, en tinta roja, por S. Atanas. Todo lo anterior no hace otra cosa que incrementar, el ya de por si grande, enigma que envuelve este luctuoso hecho y nos hace dudar de la salud mental del infeliz difunto.

Este redactor espera que las investigaciones, que diligentemente lleva a cabo la policía, sirvan para sacar a la luz cuantos datos se precisen para esclarecer lo acaecido la noche del martes y expliquen de manera clara las circunstancias de la muerte del Sr. Stefano A. Santini y el origen de la tremenda peste que, comenzando en la trastienda, inundó la sala de exposiciones y después escapando bajo el cierre, la calle entera con la consiguiente alarma del vecindario.

Si hace unos años el Raval se despertaba con la noticia de que entre sus habitantes había una vampira, Enriqueta Martí, hoy el Gótico descubre que uno de los honorables marchantes de arte que llenan el carrer Petrixol, andaba en pactos con el demonio. Por fortuna, la Exposición Universal que ha tenido en Barcelona a su anfitriona, terminó hace una semana, si todavía nos acompañase quizá habría que abrir en el Pueblo Español otra casa, esta de los horrores, para acoger tanta rareza.

La Vanguardia, Jueves 23 de Enero de 1930

Traducción del Acta Collector (Diario del Coleccionista) hallado en la Galería Santini.

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Desde que el hombre existe hay quienes han deseado poseer y atesorar lo hermoso, lo raro, lo único e irrepetible. Unos atraídos por lo bello y otros por lo abominable y depravado. Coleccionistas todos, anhelan reunir aquello que a los demás les está vedado, sea por precio, escasez, rareza o degeneración. De entre todos ellos destacó pronto un selecto y reducido grupo, un puñado que imaginó lo hermoso que sería adquirir aquello que hace a los hombres diferentes del resto de bestias y seres que pueblan el orbe y a cada uno de ellos diferente del resto de los de su especie.

Creyeron entonces que, con el conocimiento suficiente, podrían recolectar almas, coleccionarlas y poseer tantas cómo les fuese posible acumular. Resultaban estos amantes por igual de lo hermoso y lo nefasto, pues puedo aseguraros que nada hay más hermoso que la posesión de esa esencia y nada más aborrecible que apropiarse de ella.

Sé que no me creeréis, unos por rechazar la existencia misma del objeto de ese deseo y otros por mera incredulidad, considerando imposible que se pueda sustraer el espíritu y aun si lo fuese, posible, que pudiese guardarse y menos aún exhibirse. No importa, aquellos que de verdad saben, no hallarán descabelladas mis palabras, no todo lo que existe es conocido ni accesible al común. Para el resto, mejor que no sepáis ni creáis y espero que nunca necesitéis negociar con la vuestra; si por desventura lo precisáis, no tendréis más que preguntar, os sorprenderá saber que habrá alrededor vuestro, quién sepa guiaros al lugar adecuado. Será entonces un enorme placer para mí tratar con vosotros, puedo aseguraros que el beneficio será justo para ambos y el trámite leve, por algo los míos llevan siglos manejando esta mercancía y viviendo, holgadamente añadiría, de este negocio.

Creáis o no en lo que os cuento, dejadme continuar un poco más, quizá pueda convenceros y quién sabe si atraeros a esta pasión.

Más allá de los reparos morales, ausentes por completo en estos pioneros. En primer lugar, debía resolverse un procedimiento adecuado y viable de obtenerlas y conservarlas, materia prima se encontraba de sobra, hombres hay muchos y cada uno es responsable en depósito de una, candidatos había pues suficientes, más el proceso no quedaba claro, las almas no se entregan cómo los besos, aunque puedas pagar o robar los unos y las otras, había que extraerlas y conservarlas, no había conocimiento ni acuerdo al respecto, y por todo ello, esta técnica, que puede realizarse de común acuerdo o a la fuerza, se reveló en extremo complicada.

Obstinados y pacientes, como sólo un coleccionista sabe serlo, lo intentaron de formas diversas, la vida importaba entonces tan poco cómo ahora, menos aún si contabas con el poder, la voluntad y la ausencia de escrúpulos necesarias. Muchos fueron los que entregaron, de buen grado algunos por la fuerza los más, sus vacías existencias en beneficio de esta naciente pasión.

Aliviado el primer trámite, eliminar el vínculo de los elegidos con la vida, trataban después de conservar todo aquello que consideraban candidato adecuado para acoger la esencia que ansiaban preservar. Sangre, vísceras (corazón, cerebro completo, glándula pineal), humores. Incluso hubo quienes buscaron la forma de conservar los hálitos inmediatamente anteriores a la defunción, iban bien encaminados estos últimos, pero todavía no podían saberlo. Todo ello en la creencia de que en alguno de estos podía contener el objeto deseado. Vanos intentos, ninguno de esos despojos, humores, icores, fluidos o vapores que probaron a conservar parecía contener la esencia que tanto ansiaban, o si la contenían no lo sabían con certeza, ni la forma de preservarla y no pudiendo guardarla, no tenía valor. Matar lo hacían muchos, con esmero y eficiencia ya que puede resultar una actividad placentera, más para ellos que buscaban obtener un bien mayor de cada muerte, no obtener lo deseado resultaba un fracaso.

¿Cómo se obtiene pues lo sutil? ¿cómo se detiene aquello que por naturaleza fluye?, sin dar respuesta a estas cuestiones todo intento resultaba vano. No sería hasta que los filósofos griegos desvelasen algunos de sus misterios que estos pioneros encontrasen la forma. Quizá no supiesen donde reside el alma, pero si aprendieron que puede desplazarse, y así lo hace, empleando ánemo o pneuma, soplos, hálitos. Si a esto añadimos que descubrieron la existencia de esencias semejantes a las humanas, pero con potencialidades diferentes, en todo lo que nos rodea: animales, plantas y objetos aparentemente inanimados, bastaría con guiar una humana hasta uno de estos entes y persuadirla o engañarla para que reemplazase la original. Se obtendría así una transferencia, descartados animales y plantas por la necesidad que de cuidados tienen y su corta esperanza de supervivencia, sólo quedaban los objetos inanimados cómo destino deseable, contaban estos además con la posibilidad de ornarlos y embellecerlos, añadiendo así esplendor al envoltorio.

Resuelta la primera cuestión quedaba refinar y depurar el proceso y la técnica, sólo se precisaba tiempo y medios. De ambos tenían los que precisaban, pudieron así desvelar que la sustracción era viable, si dispones de un sujeto dispuesto a ello o en la tesitura. Solo Debes encontrar quién la tenga en poco aprecio, por avaricia de otros bienes más tangibles, maldad, mezquindad o pecado semejante. Y aun estimándola hallarás quienes precisen obtener algo negociándola, otros hallarás que no son capaces de resistirse a la operación, en este caso los mejores eran niños, impúberes y ancianos, aunque cualquier otro resultaba apropiado si se hallaba el momento….. (Continúa el 22/09/2017)

El final no es más que un nuevo comienzo.

El final no es más que un nuevo comienzo.

El miércoles, siguiendo con las buenas costumbres, la P.A.E. se paseó por la ondas. Radio Cunit emitió un nuevo programa de “Adictos a la las letras” (Adictes a les lletres). En esta ocasión hablamos de que significa terminar un libro ¿y ahora qué? Escribir la palabra Fin en la última hoja no significa que hayas terminado, empieza una nueva etapa, quizá más difícil. Debes dar a conocer tu libro y convencer a los lectores de que lo disfruten, tus historias deben ser escuchadas, el silencio no es una opción.

Si queréis conocer nuestra opinión, lo que sabemos y lo que vamos aprendiendo, escuchadnos.

Fin y ¿ahora qué?