Evolución

Evolución

evolución

Hoy, niño todavía, jugará. Buscará con su fusil a sus pequeños compañeros escondidos para abatirlos con inocuos proyectiles de gomaespuma. Quejas, gritos y risas resonarán en este juego sin consecuencias. Inocentes y fingidas víctimas que se levantarán, con más gritos y risas si cabe, cuando toque cambiar de entretenimiento.

Mañana jugará. Buscará entre las marcas del cristal de su mira las pequeñas, ignorantes y anónimas figuras que pretende abatir con inicua munición de plomo y acero. Quejas, gritos, alarma, estupor, sorpresa y miedo llenarán el ambiente. Inocentes, confiadas e ignorantes víctimas que permanecerán para siempre tiradas y desmadejadas en el suelo.

Nota:

Los créditos de la fotografía, sea esta buena o mala, me corresponden en su totalidad y podéis verla en instagram.

Por supuesto no creo que este chaval acabe disparando a nadie y estoy casi seguro de que no será así. Si me sorprende la contradicción que representa el que hace unos años fuese abominable regalar rifles y pistolas a los niños y ahora volvamos a ver como algo completamente normal que se haga lo mismo, siempre que estas armas no se parezcan a ninguna de aquellas que vemos día si y día también en películas, series y las noticias. Es decir, es aceptable mientra tengan un aspecto futurista y alejado de las armas reales,  disparen proyectiles de gomaespuma y estén respaldados por una excelente campaña de publicidad y modas o tendencias.

Confío que el chaval y sus compañeros disfrutasen en el cole con sus nuevos regalos, de la misma forma en la que yo lo hice, persiguiendo inexistentes e imaginarios indios y delincuentes sin más consecuencia que algún moratón y alguna bronca por extender el juego más allá de lo considerado permisible por parte de mis padres.

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Miedo

Miedo

fear

¿Soy el único a quién inquietan estas hieráticas figuras? Temo que no, ¿porqué si no siempre se colocan en los escaparates o cerca de las puertas?, mirando siempre hacía el exterior, evitando de esta forma que puedan seguir nuestros movimientos aunque lo quisiesen, obligando a nuestras miradas a ser rápidas y descuidadas cuando no huidizas y fugaces.

Yo prefiero no mirar por encima del hombro siempre que las dejo atrás, continúo así  tranquilo, pensando que mis temores son pueriles e infantiles mis miedos.