El Parque

El Parque

Ningún yonqui echa en falta hoy fracasos para esnifar, errores que chutarse ni penas que trasegar.

No hay jóvenes en las mesas, nadie ahoga en alcohol y ruido su temor a no ser o no saber que será.

Ningún amante apresurado se besa en sus brazos. No hay enamorados tallando en sus tablones mensajes eternos de amor fugaz.

Ocupados en soñar, no hay niños trenzando recuerdos imborrables que el tiempo difuminará.

Sin infancia fugaz, cansada vejez ni madura decepción; solo y en paz, aprovecha el parque esta noche para descansar.

Volar

Volar

Volar, sobrevivir al tiempo, transmitir lo hermoso en un puñado de líneas; contar una historia nueva, una que nadie nunca haya escuchado.

Sueños imposibles, los que nos levantan cada mañana aún a sabiendas de que son inalcanzables. O quizás por eso los deseamos, por inaprensibles. Ajenos y lejanos, nunca nos fallarán.

Quimeras

Quimeras

Persigue tus sueños; se incansable, implacable. Son astutos y taimados, por tanto se listo y perseverante.

Engatúsalos sin vergüenza, engáñalos si es preciso; promete todo, esto y aquello, el oro y el moro, lo que sea preciso.

Cuando al fin los encuentres, elimínalos sin piedad; extermínalos aunque te parezcan pequeños, encantadores y desvalidos. No te dejes engañar, no los dejes crecer y hacerse fuertes. Sólo al principio son débiles y están desamparados, ese es el único momento en el que podrás acabar con ellos.

Cuando dudes, recuerda que han nacido para joderte. Te hacen creer que puedes ser algo que nunca serás; intoxicado por ellos llegas a pensar que lo remoto es alcanzable y puedes ganar incluso lo que no está en juego.

Si crecen se vuelven insaciables, contagiosos y fértiles. Son perniciosos, casi infecciosos.

Aniquilalos sin clemencia o serán ellos los que te acosen. Cuando los sueños crecen torcidos se transforman en pesadillas.

Nota: Si alguien siente curiosidad por saber que era una quimera para los griegos, por aquí encontrará una definición.

Y aunque tenga poco que ver con la entrada, mientras la escribía en mi ordenador sonaban unos tipos tejanos y barbudos: https://isn.page.link/kDHG

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Prohibiciones

Prohibiciones

Al fin han prohibido en esta icónica plaza, además de aparcar motos en la acera, la presencia de Piolín.

Mucho hace que los incondicionales seguidores del injustamente denostado gato Silvestre venimos demandando medidas excepcionales contra este pájaro de cuenta. Parece que nuestras quejas han sido al fin escuchadas y atendidas, nuestros munícipes no han podido permanecer ajenos por más tiempo al clamor desatado contra esta ave aborreccible.

La presencia de este inmundo canario nunca ha sido bienvenida en nuestras calles y plazas; esperamos pués que la iniciativa que hoy comienza aquí se extienda con presteza al resto de la ciudad y más bien pronto que tarde podamos celebrar la total supresión de esta figura de la vida pública de nuestra amada urbe.

Si bien la abuelita lo tenía en alta estima, una muestra más y evidente esta de sus múltiples prejuicios y racismo rampante, siempre hemos sido mayoría los que consideramos odioso a este pajarraco; su hipertrófica cabeza y no menos desmesurados pies hacen de él un ser deforme, monstruoso y aborrecible; sin entrar en su dudosa catadura moral y actitud abusiva. Más despreciable es aún que el cariño que este adefesio despertaba en la vieja chocha, lo hiciese a costa de abusar sin medida de un ser ser tan entrañable y desprotegido como acabo siendo Silvestre. Hoy podemos reivindicar en esta prohibición la figura olvidada de aquel heroico y tenaz minino.

…Y esto sólo es el comienzo, si Piolín nos cae mal, el Corre-caminos nos resulta totalmente odioso; por eso esperamos que este pequeño éxito sirva como acicate y ejemplo al Coyote para atrapar a tan escuchimizado bicho y pueda por fin resarcirse de años de ignominia con su escasa y sin duda correosa carne.

Realidad

Realidad

Vivimos protegidos tras nuestras ventanas.

En ocasiones olvidamos una abierta y se nos cuela en la estancia un soplo de realidad; brisa suave que nos desordena las cuidadas hojas de nuestro plan, revuelve todos los propósitos y nos llena la vida de fuertes y olvidados olores olvidados, estridentes ruidos abandonados y polvo de lo que no pasó.

Enojados por el caos, nos apresuramos a cerrar la rendija mientras maldecimos a la terca existencia que insiste a nuestro pesar en endosarnos, cada vez que nos descuidamos, retazos de lo que no supimos ser.

Fuera dejamos el frío y el calor, el alboroto y la tranquilidad, los perfumes y los hedores; dentro nos sentimos a salvo arropados con la experiencia y educación, rodeados de viejos y cómodos éxitos y fracasos, ponemos el aire acondicionado y encendemos el extractor. Todos nuestros ordenados prejuicios nos observan con cariño desde las estanterias.

Vértigo

Vértigo

Mira hacía arriba, abajo da vértigo y miedo. Intenta volar, mejor imaginarlo y caer que hacerlo sin siquiera haberlo soñado.

Sube, es inevitable bajar; mientras desciendes recuerda el Olimpo. A esas alturas sabrás que no hay dioses allí, sólo sueños lo habitan; esperando pacientes que vuelvas a empezar.

Abandonad toda esperanza

Abandonad toda esperanza

Almas apesadumbradas en fila interminable y eterna pasan bajo el terrible arco. Una tras otra, empujadas las primeras por todas aquellas que se hacinan temerosas detrás.

Corto es el tiempo del que disponen, apenas tres pasos, para leer lo que sobre sus cabezas está escrito, mensaje funesto el que les recibe: “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”. Comienzan así, leyendo la irremediable y ominosa profecía; el odioso, pavoroso y prolongado descenso, ese que llevará a cada una al destino forjado

Siete círculos, siete paradas, siete posibilidades, siete sinos. Reservado el último para las más aborrecibles. Aguarda allí, paciente como la justicia, viejo cómo el tiempo y el pecado; siniestro, taciturno, terrible: El Príncipe, el único que levantó su voz y osó rebelarse. Aquel que no responde ante nadie, ese al que todos tememos y sólo unos pocos desean y obedecen.



—¡Excelencia!, EL (o ELLA que vaya vd. a saber como se nos ha levantado hoy) requiere de su presencia.

—¿Tiene que ser justo ahora?, tenemos un follón de mil demonios con el barullo de pecadores que se nos monta cada Noviembre. Además con la rampa atestada y medio en obras se nos eternizan en la bajada, ¿no se quedan los muy tunantes haraganeando y mirando por las barandillas como si esto fuese un espectáculo u obra pública? ¿No sabe acaso en su infinito conocimiento que tenemos esto lleno de descarriados y media plantilla de baja por estrés?

—Témome que sí Alteza, a las dos preguntas retóricas que me hacéis; lo sabe pero se la refanfinfla con largueza, ventajas de ser el capitoste máximo. Y tiene que ser justo ahora, en este preciso momento más lo que precise Vuecencia en desplazarse hasta su residencia, por supuesto. Me ha transmitido la urgencia de tratar con su Magnificencia algunos temas que no entienden de retrasos, demoras, excusas, prorrogas ni dilaciones. Y no se me queje su Ilustrísima, peor estábamos en verano con los permisos, las calorinas y las deserciones y nada de ello fue óbice para que concelebrasen sus señorías cónclave por San Juan. Y bien que lo pasaron si hemos de fiarnos de las risas y ocurrencias que hasta aquí abajo nos llegaban.

—!Na!, dos orujos que nos tomamos animando las tisanas. Debieras saber malandrín que, viejos como somos, ya no estamos para excesos y cualquier libación lo mismo puede conducirnos a la risa tonta como llevarnos al ebrio llanto. Por la primera nos dió en San Juan aunque también podríamos haber roto en desconsolados plañidos. Acompáñame pues al ascensor bribón ¡A saber que noble tripa se le habrá roto hoy y que ocurrencias escapan por el descosido!. Sujétame tu el rabo, no sea que se enrede en el bastón y acabe trastabillando y dando con mis pobres huesos y prominente frente en tierra.

—Mejor empleamos el montacargas su Señoría; su Providencia no quiere que se conozca su contubernio y fía en la cautela. Mejor la discreción de el elevador de servicio, nunca se sabe quién transita en el ascensor. Mucho ha costado que estos pánfilos que ahora nos atestan el descenso creyesen que no existíamos, no es cuestión de echar la perder lo hecho por un descuido en las formas.

—¡Sea pués el montacargas! No tiene uno edad ni cuerpo para tanto trajín ni tanta conspiración. Mira que era fácil antes, los aburridos al cielo a rascar la lira y el resto pa’bajo a disfrutar de los vicios eternos.  Se les llenó aquello y ahora pretenden que nos hagamos cargo del exceso ¡Ganas tengo de jubilarme y mandar todo al DIABLO, por DIOS!